
Internet está lleno de titulares, las redes sociales están llenas de titulares, la televisión está llena de anuncios para vendernos productos sin parar, pero el hombre busca el alejamiento de la soledad que le oprime cuando se encuentra consigo mismo, y entonces toma una dosis de crack, y digo crack por el sonido oral, puede ser otra droga, pero decir crack es como recibir un golpe en la nariz, una nariz sangrante por exceso.
La soledad del hombre busca la complicidad en la soledad de alguien, por eso el hombre anda a la búsqueda de la Soledad perdida que puede ser una mujer o un hombre disfrazado.
Hay que leer mucho para no decir nada, en las novelas en general hay centenares de palabras que no nos dicen nada, una vez terminada la novela no queda nada que sirva a la memoria para vencer la soledad. Debemos dirigirnos entonces a la poesía, pero no a la poesía artificial que se compone con elementos decorativos, sino a la poesía del alma, a la poesía del espíritu, a la poesía del corazón y a la poesía del intelecto como alimento de la Soledad con mayúscula.
Es esa soledad la que nos vuelve adictos a algo, porque no somos capaces de estar con ella. A muchos no les gusta la soledad, es alguien aterrador que tiene nombre de mujer, aunque podría ser un lugar cualquiera, una habitación sin vistas, una estación de tren, un bar de tribus urbanas, la soledad la puede encontrar uno durmiendo o al levantarse, un ser que no tiene nada que ver con la esencia profunda de nuestra existencia, pero que la acompañamos a ella, a la soledad por no sentirnos solos, porque sentirse solo, es sentirse como Kafka ante La metamorfosis o El proceso de él mismo.
La relación que tenemos con quien nos ha tocado vivir a lo largo de nuestras vidas, y digo tocar porque el hombre no puede estar en todas partes; porque el hombre no es Dios. El hombre entonces debe amoldarse a la soledad del hábitat que le ha tocado vivir, utilizando las técnicas de supervivencia que le ofrece el teatro y el arte escénico, ahí es cuando el hombre dentro de su soledad se vuelve actor y debe interpretar un papel que se adapte a su forma de vida o la supervivencia de su especie. Muchas veces se aburre, porque no tiene contertulios válidos, no tiene con quien hablar, porque su interior es diferente a la mayoría de la gente que ama la cerveza, y los diálogos desinhibidores del alcohol, y entonces es cuando el hombre solitario para alejarse de la soledad debe pedir otra copa a la camarera, para pensar así que su mundo puede transformarse en mundo ideal, cuando escapa del mundo real que no le aporta nada salvo el encontrarse consigo mismo y con la soledad del hombre que puede verse a diario en las calles y aceras de las pequeñas y grandes ciudades, el hombre sale de la casa coge su automóvil y pone rumbo al bar. Entonces es cuando el hombre elige una vida nueva que cree que ha inventado, pero que existe desde la historia del vino, el descubrimiento de que pisando uvas llegaría-el hombre- a una fermentación alcohólica que cambiaría su vida para siempre, desde los tiempos de Dioniso o de Baco.
La vida artificial o artificiosa se convierte en vida de alterne para olvidarse de las dificultades y problemas diarios de la vida, en la calle, en casa, en el piso o en el hogar nos espera la computadora, el ordenador de mesa, el portátil, la tablet, el teléfono inteligente o la televisión que nunca nos preguntarán: ¿Quienes somos y de dónde venimos, y hacia dónde vamos?. Salvo la NSA.
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