
El hombre transformado
El Rey del Universo entró en el corazón del hombre transformado a través de las palabras sagradas de la verdadera vida en Dios. El hombre miserable a los ojos de la divinidad del Altísimo se entregó a Dios para ser transformado, y Dios le escuchó, y leyó en el corazón del hombre miserable que decía la Verdad. El hombre miserable le dijo a Dios que renunciaba a sus antiguas vestiduras, a su egocentrismo, que ofrecía su cuerpo y su espíritu para ser renovados por la sangre del Señor Jesucristo. Así como unos juraban por el Anticristo el hombre miserable se entregaba al Hijo de Dios, como hijo adoptivo del Altísimo, para ser completamente transformado.
El hombre transformado es editor de una revista digital y en ella pone todo aquello que ven sus ojos para que los demás sepan de que se alimenta su cerebro, la revista le sirve de archivo de la memoria. Saber que ha existido, que ha leído, que ha escrito, que ha pintado, que ha plantado árboles, que ha cuidado la naturaleza donde ha vivido, que ha sido respetuoso con los ancianos y los niños, que ha sido un hombre hermano de sus hermanos, El Espíritu Santo era el que hacía posible que un hombre miserable, un número muerto en el tiempo, una nada, una vida que se vive para nada, para no existir, esa era la vida anterior del hombre miserable, un hombre lleno de apetitos desordenados, con sobrepeso, y sin salud, atado a la rueda de la desgracia.
El Rey del Universo le acompañaba a diario en su vida desde que el hombre miserable había aceptado El Cuerpo de Cristo. El cuerpo del Rey de reyes había sido denigrado, insultado y despreciado día tras día por los discípulos del Diablo.Esos hombres perdidos que trabajaban para el Infierno sin saber cómo era el Infierno, sin tener idea de cómo era la muerte eterna en vida, sintiendo la muerte y el dolor nunca sentido por ningún hombre vivo o muerto en la tierra mientras estaba vivo o muerto que es igual a vivo. Esa ilusión por el mal, esa fascinación por el caos y la muerte del alma, una y otra vez en el Infierno. Para todos aquellos que pensaban que la vida no era una prueba y si era una bacanal, una orgía romana, “y que después de muertos que nos quiten lo bailado” según la expresión de la época o era del Diablo. Todos estos que pensaban que la vida era efímera, que la vida era para los más aptos, los más evolucionados, los más hábiles, los más duros, los más fuertes, los más ricos, los más depravados, los utilizadores, los manipuladores, los entrenadores de sociópatas y psicópatas, los nuevos Judas de Cristo. Todos estos se presentarían en el Tribunal de Cristo en un abrir y cerrar de ojos. Y Cristo les preguntará ese día:
Barack Obama es tu nombre, qué hiciste en la Tierra en mi ausencia, mi Padre te ofreció el trabajo más importante para la humanidad, el ser el líder de todos los hombres civilizados. Por qué escondes tus manos, muestra tus manos ante el Trono de Dios.
Barack Obama muestra sus manos y cae de rodillas ante el Trono del Altísimo, el Trono de Dios, el Trono del Espíritu Santo, El trono del Arca de la Alianza, El Trono de todas las Madres, María es su nombre, Reina de los Cielos y la Tierra.
Barack caminé a tu lado todos los días de tu infancia y niñez, caminé todos los días a tu lado en tu adolescencia, te escuché cogiendo tus manos cuando me juraste fidelidad eterna, y tu corazón ambicioso no sólo deseaba llegar a lo más alto de los Cielos, sino que que deseabas la Gloria muerta que otorgan los discípulos del AntiCristo. Deseabas todo, lo que estaba delante de tus ojos, deseabas el dinero de los Banqueros, deseabas la mujer de tu prójimo, rechazando a la mujer perfecta para ti, por las noches no podías dormir, aún así no te atrevías a llamarme, el Diablo había introducido su veneno en tu corazón, para alejarte cada día más de mi, en poco tiempo tu cuerpo envejeció varios años, te mirabas al espejo y no te reconocías, tu libre albedrío estuvo contigo hasta el último momento, tuviste la libertad de arrepentirte hasta el último momento, y no lo hiciste Barack por ello te sentencio a pasar el resto de la Eternidad en…
Las palabras del espíritu se detuvieron en la boca del hombre transformado, pues quiso respetar la voluntad de Dios.
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