1:15 de la madrugada, los perfiles solitarios entran en Facebook para encontrar compañía, alguien que les diga lo importantes que son para ellos, los artistas por ejemplo dicen:
Esto lo he hecho para vosotros, los vendedores de periódicos lo mismo, los escritores digitales compiten en Amazon a través de Facebook, compiten para ser leídos por una masa ingente de perfiles digitales ¿qué pueden ser ciertos o no?- y que les gusta la televisión y las imágenes. Al vivir en la era digital o era de la imagen los escritores acompañan sus textos con imágenes que llamen la atención de quien no está acostumbrado a leer literatura digital, los amantes de las literaturas actuales leen relatos hiperbreves, microrrelatos o nanorrelatos, haikus… porque los lectores del siglo 21 son lectores de imágenes y de titulares de periódicos. En una sociedad que va a toda velocidad de un lugar a otro sin apenas descanso, es imposible una lectura completa de Guerra y Paz de León Tolstói , Los Miserables de Victor Hugo, Los Hermanos Karamazov de Fiódor Dostoyevski, La Montaña Mágica de Thomas Mann, imposibles de leer por la escasez de tiempo. Facebook no es lugar para escritores, su limite de amigos desconocidos es de 5000, y si crea una página de amigos tendrá que invertir un dinero por cada publicación para tener mayor alcance y un escaso retorno sin una gran inversión en la publicidad de su fan page.
¿Por qué Facebook tiene éxito hoy en día? Porque la soledad ha llegado a los hogares del mundo civilizado para quedarse. Hoy en día las aventuras extramaritales suceden en Facebook como sucederían antaño en un Motel de carretera.
Facebook nos crea un perfil de existencia en la red social, hace que nuestro perfil humano parezca vivo fuera de nuestras fronteras nacionales, es probable que pronto queramos nacionalizarnos en Facebook, tener la ciudadanía de Facebook y transformarnos en ciudanos facebookianos, con una moneda digital para comprar desde Facebook.
Las masas siempre han estado dirigidas. Los no lectores han sido orientados hacia las imágenes, si tienen que decir algo que no les sale por que les falta el alimento de la literatura, escogen una imagen de Friedrich Wilhelm Nietzsche y cambian sus citas por la suyas de forma que un profano en Nietzsche crea que es Nietzsche el que le está hablando.
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