El Espíritu Omnipotente

El lenguaje del Señor es su cuerpo en los demás cuerpos humanos

Clavo en el pie izquierdo:

El Señor elige a quien ofrecerle su clavo, el pie izquierdo representa al Anticristo, el que lo recibe este mensaje:

Estás luchando contra Mí, te estás poniendo del lado de los que me han crucificado y me siguen crucificando con sus acciones y sus palabras

Los que tienes contigo ofreciendo tu tiempo están clavando este clavo en mi pie izquierdo

A ti te ofrezco este clavo porque estoy vivo en ti

Ningún hombre ni mujer pueden vivir sin El Cuerpo de Cristo en sus cuerpos, porque Dios es El Espíritu Omnipotente

¿Sientes el dolor en tus huesos?

El Señor está unido a tus huesos por sus huesos, los huesos del Señor son los huesos de su Pueblo, El Pueblo de Dios.

En Los Últimos Tiempos El Señor se dirige a sus escogidos y escogidos para enseñarles su lenguaje elemental y más importante: El Lenguaje del Dolor de Jesucristo en los cuerpos de su Pueblo, El Señor Jesucristo está unido al Cuerpo de su pueblo, El pueblo israelita repartido por el mundo a través de los siglos, todos ellos vienen de las 12 tribus de Israel, las 12 tribus de Israel son los hijos de Jacob llamado Israel por el Señor a la edad de 55 años. El Señor hace de Jacob El Padre de las Naciones de Dios.

La mayor parte de la humanidad no conoce su origen

El Cuerpo del Señor viene en Los últimos Tiempos a rescatar a su Pueblo, pues el Mundo se encuentra dentro del «Apocalipsis 16»

Los que no crean en estas palabras recibirán la Cruz de los Romanos

Apocalipsis 16 Reina-Valera 1960

Las Siete Copas de la Ira de Dios

16 Oí una gran voz que decía desde el templo a los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios.

Fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen.

El segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y este se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser vivo que había en el mar.

El tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre. Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas. Por cuanto derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre; pues lo merecen. También oí a otro, que desde el altar decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos.

El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, al cual fue dado quemar a los hombres con fuego. Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.

10 El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se cubrió de tinieblas, y mordían de dolor sus lenguas, 11 y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras.

12 El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates; y el agua de este se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente. 13 y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; 14 pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso. 15 He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza. 16 Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.

17 El séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está. 18 entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra. 19 y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del ardor de su ira. 20 Y toda isla huyó, y los montes no fueron hallados. 21 y cayó del cielo sobre los hombres un enorme granizo como del peso de un talento; y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del granizo; porque su plaga fue sobremanera grande.


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