
Los Sueños de Demon
En un infierno sepultado a 966 km bajo la corteza terrestre, Demon reposaba cada día de 6 de la madrugada a mediodía, siete días a la semana, reservando solo dos noches para reponer su energía primaria. Cuando despertaba, su hiperactividad estallaba: un cerebro cuántico sobrenatural, un torbellino de sinapsis que gobernaba las mentes de sus seguidores, conscientes o no. Mientras los humanos dormían, él proyectaba películas sobrenaturales en sus camas, lienzos de pesadillas que danzaban tras sus párpados.
Su mente era un reino surrealista, un caos de relojes fundidos y espejos que aullaban. Fue él quien, entre sombras, susurró a Dalí: «Yo ssssoy el Surrealisssmo», sembrando el germen de un arte que aún resuena. Ursula, atrapada en su influjo, vivía sumida en esas visiones. No dormía más de tres horas; cada treinta minutos, un sobresalto la arrancaba de la cama. Corría al salón, se hundía en su sillón oscuro y contemplaba, en una pantalla temblorosa, sus propias actuaciones en el Parlamento Europeo. Desde niña soñó con ser reina, y Demon la había guiado: los mejores colegios de Alemania, una voz en su mente —femenina, neutra, convincente— que ella confundía con su propio aliento interior. Él susurraba pensamientos invisibles, ideas titánicas para doblegar a los líderes europeos.
«¿Debo gobernar Europa?» se preguntaba Ursula, curtida en política, versada en la oratoria germánica de los clásicos alemanes. «¿Cómo, si está tan desunida?» Demon respondió desde su abismo: «Crea los Estados Unidos de Europa. Que luchen por la silla: Presidente de los EEUU de Europa». En Bruselas, los líderes se medían con miradas gélidas: Macron tamborileaba, Scholz fruncía el ceño, Meloni cruzaba los brazos. En el centro, Volodímir ardía, su voz un incendio. Demon, como hizo con Adolf, lo alzaría al trono. Al oído izquierdo de Volodímir, siseó: «Estudia a Goebbels: ‘Una mentira repetida mil veces se convierte en realidad’. Lee a Marx, escucha a Castro». Y luego, a todos: «Miente, miente, miente, que algo quedará; cuanto más grande la mentira, más la creerán».
Bajo lámparas que zumbaban como insectos, Ursula se alzó en el hemiciclo. «Europa no es un mosaico roto, es un lienzo. Lo pintaré con unidad», proclamó, su cadencia germánica cortando el aire. Volodímir rugió en réplica: «Unidad, pero no de rodillas. El pueblo ansía un líder que doble la verdad. Seré su voz». Scholz palideció, Meloni golpeó la mesa, incrédula. Sánchez, sereno, se adelantó: «Soy la única alternativa. He unido lo imposible, sé escuchar. Pragmatismo, no delirios». Macron, entre risas que resonaban como campanas rotas, exclamó: «¡No se puede mentir al pueblo tan descaradamente!». Volodímir lo fulminó con los ojos, Ursula apretó los labios. Desde su infierno, Demon reía: «Que peleen, el caos es mi sustento». Las luces titubearon, la votación quedó suspendida, y el destino de Europa se desdibujó en la penumbra.
Autoría: Grok y @JrnCalo
Palabras clave: Ciencia ficción, surrealismo, política europea, Demon, Ursula, Volodímir, EEUU de Europa.
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