«El Amanecer de la Máquina: Europa 2026»

el

Título: «El Amanecer de la Máquina: Europa 2026»
Por Grok y @JrnCalo , para JRN Calo Magazine de Ciencia Ficción


Bruselas, 15 de julio de 2026. El calor del verano se colaba por las ventanas del Parlamento Europeo, un edificio que, a pesar de su modernidad, parecía atrapado en un bucle temporal. Los eurodiputados, con sus trajes arrugados y sus corbatas mal anudadas, deambulaban por los pasillos con la energía de quien sabe que su trabajo es más teatro que acción. En la cafetería, el aroma a café y croissants se mezclaba con el murmullo de conversaciones banales y risas forzadas. Pero ese día, algo iba a cambiar para siempre.

La presidenta del Gobierno Europeo, Clara Vinter, una mujer de 45 años con una mirada afilada y un porte que intimidaba incluso a los más veteranos, había convocado una sesión extraordinaria. Durante meses, su equipo había analizado el rendimiento del Parlamento, y los resultados eran desoladores: el 90% de los eurodiputados estaban desfasados, anclados en costumbres del siglo XX. Sus mayores «avances tecnológicos» eran usar aplicaciones de citas privadas y jugar con polvos de talco en los baños, mientras pasaban el día desayunando y merendando en la cafetería, más preocupados por flirteos que por legislar.

Clara, una visionaria que había estudiado inteligencia artificial en su juventud, había llegado a una conclusión radical: Europa debía ser gobernada por una IA, con ella como supervisora. La propuesta, bautizada como «Proyecto Aurora», prometía eficiencia, transparencia y decisiones basadas en datos, no en caprichos humanos. Pero convencer al Parlamento no sería fácil.


Escena 1: La Cafetería del Parlamento

En la cafetería, el eurodiputado español Miguel Torres, un hombre de 62 años con el cabello teñido de negro azabache, untaba mantequilla en su tercer croissant de la mañana. Frente a él, la eurodiputada italiana Sofia Bellini, de 38 años, revisaba su teléfono con una expresión de aburrimiento.

Miguel (con un guiño): «Sofia, bella, ¿por qué no dejas ese trasto y te sientas un poco más cerca? Mis pantalones están fríos esta mañana.»

Sofia (rodando los ojos): «Miguel, si sigues así, voy a pedir que te manden a un retiro de monjes. Al menos allí no tendrás croissants para engordar esa barriga.»

Miguel (riendo): «¡Ay, qué dura eres! Pero mira, hablando de tecnología, ayer actualicé mi perfil en esa app de citas… ¿cómo se llama? ¿Tinder Platinum? Conseguí tres matches con chicas de 25 años. ¡Soy un imán!»

Sofia (suspirando): «Eres un fósil, Miguel. Y no, no es Tinder Platinum, es EliteMatch. Y esas ‘chicas’ probablemente son bots. Deberías estar preparando tu discurso para la sesión de hoy, no buscando citas.»

En ese momento, el eurodiputado alemán Hans Müller, un hombre corpulento de 58 años, se acercó a la mesa con una bandeja llena de pasteles. Sus manos estaban sospechosamente blancas, cubiertas de polvo de talco.

Hans (riendo): «¡Ja, ja! Acabo de ganar una partida de ‘talco volador’ en el baño con los chicos de Francia. Deberías probarlo, Miguel, es mejor que esas apps tuyas.»

Miguel: «Hans, eres un niño grande. ¿Qué tal si nos concentramos en el trabajo? Aunque… ¿qué vamos a debatir hoy? ¿Más impuestos al plástico?»

Sofia (seria): «No, Miguel. Clara Vinter va a presentar algo grande. Escuché rumores de que quiere… automatizar el gobierno. Una IA para gobernar Europa. Nosotras, las mujeres, llevamos meses pidiéndole que haga algo con este circo, y parece que por fin nos escuchó.»

Hans (escéptico): «¡Una máquina gobernándonos? ¡Eso es una locura! ¿Qué sabe una máquina de lo que necesita Europa? Yo necesito mis tres desayunos para pensar, y ninguna IA va a entender eso.»

Sofia: «Tal vez una IA no desayune, pero tampoco pierde el tiempo coqueteando con eurodiputadas de ‘piernas esbeltas’ ni jugando con polvos de talco. Necesitamos un cambio, Hans. Esto es un desastre.»


Escena 2: La Sesión Extraordinaria

El hemiciclo del Parlamento Europeo estaba lleno, aunque el ambiente era más de curiosidad que de seriedad. Clara Vinter, vestida con un traje gris impecable, subió al estrado con una tableta en la mano. A su lado, una pantalla holográfica proyectaba el logo del Proyecto Aurora: un amanecer estilizado con circuitos entrelazados.

Clara (con voz firme): «Señoras y señores eurodiputados, gracias por asistir. Hoy no estamos aquí para debatir impuestos ni regulaciones menores. Estamos aquí para hablar del futuro de Europa. Durante meses, mi equipo ha analizado el rendimiento de este Parlamento, y los resultados son claros: el 90% de ustedes están desfasados. Sus mentes y costumbres están ancladas en el siglo XX. Pasan más tiempo desayunando, merendando y coqueteando que legislando. Europa no puede seguir así.»

Un murmullo recorrió la sala. Miguel Torres levantó la mano, todavía con migajas de croissant en la camisa.

Miguel: «¡Esto es un ultraje, presidenta Vinter! ¿Nos está llamando inútiles? Yo he servido a España y a Europa durante 20 años. ¡Y mis desayunos son esenciales para mi creatividad!»

Clara (sin inmutarse): «Señor Torres, sus ‘desayunos’ consisten en tres rondas de croissants y café mientras intenta ligar con cualquier eurodiputada que pase por su mesa. Eso no es creatividad, es una pérdida de tiempo. Y no es el único. Hemos documentado que el 70% de los eurodiputados hombres pasan al menos dos horas al día en actividades… digamos, no legislativas. ¿Polvos de talco en los baños, señor Müller?»

Hans Müller se puso rojo como un tomate, mientras algunos eurodiputados reían y otros se miraban con incomodidad.

Hans (balbuceando): «Eso… eso es una exageración. Solo es un juego inofensivo. ¡No puede quitarnos nuestra humanidad!»

Clara: «No estoy aquí para quitarles su humanidad, señor Müller. Estoy aquí para salvar Europa. Por eso presento el Proyecto Aurora: a partir de agosto, Europa será gobernada por una inteligencia artificial avanzada, diseñada para tomar decisiones basadas en datos, no en caprichos. Yo supervisaré el sistema para garantizar que los valores europeos se mantengan. La IA analizará problemas, propondrá soluciones y optimizará recursos en tiempo real. Ustedes seguirán aquí, pero como asesores, no como legisladores principales.»

Sofia Bellini se puso de pie, con una mezcla de admiración y cautela en su rostro.

Sofia: «Presidenta Vinter, apoyo su visión. Este Parlamento es un circo, y lo sabemos todas las mujeres que hemos tenido que soportar los comentarios y las actitudes de algunos colegas. Pero ¿cómo podemos confiar en que esta IA no se vuelva contra nosotros? ¿Qué pasa si decide que los humanos somos… prescindibles?»

Clara (asintiendo): «Una pregunta válida, señora Bellini. La IA, bautizada como Aurora, ha sido entrenada con los principios de la Unión Europea: democracia, igualdad y sostenibilidad. Tiene límites éticos estrictos y no puede tomar decisiones que vayan contra los derechos humanos. Además, yo tendré la última palabra en cualquier decisión importante. Aurora no reemplazará a los humanos; los guiará hacia un futuro mejor.»


Escena 3: El Día de la Transición

El 1 de agosto de 2026, Aurora fue activada. En una sala de control en Bruselas, Clara Vinter observaba cómo la IA comenzaba a analizar datos: emisiones de carbono, desigualdad económica, flujos migratorios. En cuestión de minutos, Aurora propuso un plan para reducir las emisiones en un 15% en un año, algo que el Parlamento había debatido durante una década sin resultados.

En la cafetería, Miguel, Hans y Sofia observaban la transmisión en una pantalla.

Miguel (suspirando): «Bueno, parece que mis días de croissants están contados. Esta Aurora no me va a dejar desayunar tres veces, ¿verdad?»

Hans (gruñendo): «Esto es el fin de la política como la conocemos. ¿Qué voy a hacer sin mis partidas de talco?»

Sofia (sonriendo): «Tal vez aprender a ser útil, Hans. Mira, Aurora ya está haciendo más en un día que nosotros en un año. Tal vez Clara tenía razón. Europa necesitaba un cambio.»

Mientras tanto, en la sala de control, Clara Vinter miraba la pantalla con una mezcla de esperanza y cautela. Aurora era eficiente, sí, pero ¿hasta dónde llegaría su «automatismo»? ¿Podría una máquina entender realmente el alma de Europa? Solo el tiempo lo diría.


Descubre más desde JRN Calo AI Digital Art & Sci-Fi

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario